Manchas rojas mitigan la esperanza
1.30x1.30 Carolina Menapace

Presentación


La que habita La Casa. La que conoce el gong de la séptima puerta. La que ha prometido no traficar con las leyes de la sabiduría. La que se ha incorporado al espíritu de las cosas. La que vislumbra el desenlace del ser en el paisaje. La que purifica con el fuego que desciende de la más secreta arquitectura. La que tiene dominio sobre los elementos, las formas, la luz. La que nos participa de un trabajo interior.
Cuánta soledad, cuánto misterio irrumpen en la ofrenda.
Vicente Zito Lema


(texto escrito por el poeta Vicente Zito Lema para el catálogo de mi primera muestra)

obra poética



T E R C A M E N TE
L L U E V E




Carolina Menapace
2012

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Tercamente llueve.
¿En qué cuaderno podría describir
esta melancolía que me invade?
Tentando a los fantasmas de la memoria
se inicia el rito del pensamiento
vuelto escritura.
 Se agolpan las imágenes
y el oído se vuelve más fino,
para los sonidos de afuera y los de adentro.
Algunos son melodiosos, otros perturbadores.
Conviven separados sólo por una frágil cabeza,
la mía.
Los de adentro tienen forma de palabras
pero no siempre.
Y en alguna región desértica resuenan ecos siderales.
Todo se tiñe de amarillo, de violeta.
Tengo los ojos cerrados y me siento como
un viejo penitente, en camino a Santiago
de Compostela,
en otra edad, en otro momento del tiempo
superpuesto. 
Las raíces gallegas floreciendo
y las agudas voces sonando en esa atemporal zona del cerebro. 
Y entre esas voces,
la de mi madre
cantando por encima de las gaitas.
Pequeñas memorias. Caminos de polvo recorridos con otros pies y otros ojos,
sin embargo los míos.

Fugacidad de las estrellas.
Todos escribimos el mismo poema.





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Viajo
por los incontables caminos de la vida
el afuera,
como un saco ajeno
                         -me queda grande-

Busco
lo que se oculta al ojo
el recuerdo del después
-antes de que se haya producido-
El otro puerto-




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Soy,
una gota de ese mar infatigable
que me arrastra hacia la costa.

Jinete marinero, encrespado en el oleaje
seduciendo caracolas.

De baldes amarillos,
-en manos de los niños-
baño los castillos
-de princesas antiguas-

Desvanecida en nube
caigo sobre el río.

Las dulces fuentes incluso me conocen
-pequeñas transparencias
las gotas en las hojas-

En barcos de papel navega mi sistema,
me arrastra mar adentro
                              -buscando el otro puerto-




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Cuando
mi mirada abarca
el horizonte extendido
-azul de agua y cielo-

Y extrañas huellas
-iguales a las mías-
cuentan sus historias
de arena, oscurecidas.

Camino
oyendo el trueno
rugir sobre la playa.

Acaso en esa hora
-en que la espuma escribe
poemas en la arena-
de pie,
frente a las olas
tropiezo con Tu rastro,

respiro Tu presencia.




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El chaparrón ahogaba las hojas de los árboles.
Su gran amante el viento
intentaba arrancar las ramas de sus troncos.

Doble era la danza en esa noche desatada.
Una tormenta de amor sin límites
invadía la tierra, transformándola
en un oscuro mar.

¡Vida! ¡Vida! -gritaba loco el labrador-
viendo girar apasionados
al vendaval -con el pelo mojado-
al agua -disipándose en el aire-

Del movimiento
-forma frenética-
a la quietud absoluta sólo un instante.
Magia del abrazo culminado.

Medardo
extático, se quitó la ropa mojada
-cuando llegó a su casa-



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La canilla gotea.
La inteligencia se escurre por el desagüe.
Ganas de gritar.
Gritar y gritar hasta quedar sin voz.
Perros rabiosos invaden el patio evaporando
la calma.
Una nube negra desciende velozmente
cubre de cenizas la mañana.

El león prisionero en la jaula trata
de forzar el hierro.
Lo agarra con poder pero no puede.
¿Dónde se esconde la compasión?
¿Quién tiene la llave del candado?

Sujetos anónimos despiertan cada día
realizan los mismos actos,
muestran los mismos gestos,
pronuncian idénticas palabras.

Lo cotidiano despliega sus brazos
sigilosamente
para tomar por sorpresa a la mujer
-que mira una naranja sin verla-

Arrastrándose sobre el piso,
nos come los zapatos
y desde los pies trepa en silencio
por el sistema.

Dejándonos secos, alejados, sin luz.
¿Existe la opción?
...tiembla la voz ante tal pensamiento.
De lo profundo, la respiración busca una salida.




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La nieve. Bajo el cuello del abrigo
dentro de los zapatos,
helada, decidida a colársele hasta el alma.


Nieve.

Metáfora de manos frías
-impregnando la memoria-
Magia invernal.

Blanca ojiva
donde tu mirada
silencia
aquel instante
-antes de despedirnos-



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Los trenes pasan velozmente
Animales y personas se aquietan al verlos
con tan violentas fauces
Extranjeros comentan el suceso,
y ríen.
Los niños aplauden el paso de las máquinas
de industriales destinos
Generosos
los durmientes soportan el paso del tiempo
y del acero
Pertenecen al paisaje
Un mismo destino trenes y paisajes
Círculo permanente al correr de los años
con pasto abajo
y un cielo lateral a través del vidrio.



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Quizá el mismo sueño repetido
olvidado al despertar.
Los mismos gestos
que hostigan la memoria
La igual premura
aguardando tu llegada.

Quizá el mismo viento reiterado
-entre las hojas-
El mismo amor
golpeando ante Tu puerta.



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El letargo me invade
la imagen se vuelve extraña por momentos
su voz alejada
y el ruido de los autos aturde la mañana.

¡Esa sensación de irme,
de no poder ordenar el pensamiento!

Intentando recordar dónde estoy
la levedad invade mi cuerpo
los ojos, la boca
la pelvis.

El perro lame mi mano
con amor fiel

Déjate ir
(una voz murmura en mi cabeza)
obedecer da miedo
el oído no escucha
la palabra se apaga




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Sobre la cabeza del hijo,
la mano
calmando iras y temores,
bosquejo inalterable
-en la callada hora-

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Mis ojos acarician al amado
Flor abierta donde sea
vuelo de águila dibujando el viento
-y el pan sobre la mesa-

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Con el vino granate
de esta copa llena
apagaré mis ansias, mis anhelos,
en un resumen íntimo y secreto.



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Me estremece el verte reflejada
en la sonrisa de esa niña
-antiguo gesto repetido-
en el pelo rubio.

Te conmemora en el apretado
rictus de la boca
en la frescura de lo no sabido

Te hereda
en la gracia de la sangre
en la intimidad de la mirada
en la obstinación de la palabra.

Miro tu existencia en la ausencia.

Llueve esta mañana.



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En cada piedra hay una herida,
un barco, una cadena. (Waldo Leyva)



En cada herida quizá exista un barco,
alguna piedra difícil de mover
una cadena.
Movimiento y quietud del mar
-viaje prolongado de las olas-
Tristeza que se alarga
en cada barco, en cada herida.
Una gaviota, una esperanza, un olvido.



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Acaso su voz resbale como el rocío por un tallo
y recorra mi cuerpo en erótica vibración
de placer.
Acaso mi mano acaricie su mano
sobre la sábana
bordada con los blancos sueños de mi madre.
Acaso el momento detenga su ritmo
y en el inmenso misterio
su voz resuene como una llama.



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Ojos que se abren como las mañana.
Y que cerrándose dejan caer la tarde.
Macedonio Fernández


La mañana,
abierta a lo porvenir
al rayo que deslumbra,
y sorprende
nos hace transitar el tiempo
-como si fuéramos perpetuos-
                                                              
                                                           La tarde
dormida en la siesta
nos vuelve más humildes
-casi humanos-


                                          La noche
confunde, alienta al sueño
aflige la certeza.

Y el ojo
-ingenio del arte-
equivoca la comprensión
de la existencia.



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Yo entiendo lo que dicen las gotas cantarinas.
Juana de Ibarbourou




Suenan sobre mi cabeza, bailan aletean
afirman la historia de las nubes,
en el tejado. Esta mañana.

Oxidaron los cascos de viejos caballeros
y anegaron los campos de batalla
limpiando la sangre por ellos esparcida.

Crecieron las espigas.
Se encharcaron los ríos,
en lo sombrío de la selva,
las orquídeas se abrieron.

Las gotas cuchichean, a veces gritan,
(efímeros testigos de nuestras penas).
Y el alma extendida por el gris plomo
de la tormenta
se dirige quizás hacia los confines del sí mismo.



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¿es una imagen o una semejanza
el rostro que ondula sobre las aguas?

me pertenece
-aunque podría ser ajeno-
ficción de los sentidos
obstinados en  reconocerse
-en ese río-
arrojo una piedra
todo se desvanece,
-la imagen y la semejanza-
acaso fugados
hacia un destino en las ondas

desde el lugar donde acaba el día
saludo a todos los viajeros



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Siluetas creciendo en el olvido
así son
esos seres que habitan el misterio.

Llegan sin anuncio
luego
vuelven desnudos a la niebla
donde quedarán agazapados.

Llama oscura
habitada por el amor
y ungida en la memoria.



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Había melancolía en la quietud del ocaso

En el café los hombres fumaban distraídos
sumidos, acaso, en largos pensamientos
o en sueños breves.

Una neblina de cigarros ha escondido la mirada
y las voces oscuras, amontonadas
producen acordes continuos.

Sentada ante la mesa
-en compañía de un vino profano
espero tu presencia

Afuera, una perspectiva de grillos
continuará su concierto
hasta caer la noche.



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Breve languidez viste
la siesta encaramada en el dosel
-enredada en barrera de tul-
desciende por el mosquitero

-incierta-
huye hacia los rincones
penetra los ojos
permanece inmóvil

-en la confusión del sueño-
el yo inerte se abandona levemente
-en el olvido-



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El color llora desde las rendijas
rojo fuego o sangre apagada
avanza transformado en línea
en lago, en tiempo.

Describe
-en las paredes-
extrañas figuras
seres neolíticos
mapas olvidados
frondas impenetrables.

El gato
-en un rincón-
sueña



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El poema
debe tener el tamaño de una carta
-llevada en el bolsillo-
escribirse en cualquier
mostrador.
Ser íntimo como una confesión

personal como la propia nariz,
audaz, y en lo posible
breve.


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Qué es lo que amas cuando amas,
-preguntaron de improviso-

-yo amo la sigilosa sombra que me sigue
devota
a todas partes, los escandalosos atardeceres
-esos que son muy rojos-
mi padre y mi madre en su ausencia,
la araña tejiendo su tela
entre las hojas del jardín,
a mi esposo, los amigos, el amante,
los compañeros, aquellos novios de juventud,
los hijos, los nietos que serán algún día,
amo las caras debidamente lúgubres
en el entierro,
el tiempo vivido, el tiempo por vivir,
las cartas con estampillas exóticas,
las mariposas, el color del otoño,
la rosa que florece y muere, Borges,
mi Maestro y su sabiduría, el ladrido mi perro,
la luz cuando amanece,
amo el estar enamorada,
aquello donde anida la misericordia.
amo el arte, y la sutil candela de los astros,
y como el amor es una bolsa que se expande
con el uso,
las ciudades y su gente,
el olor de las tortas recién horneadas,
los bellos poemas, el azul, la fruta madura
en el verano,
amo las gaviotas junto al mar,
el viento salado y la brisa dulce,
los cipreses en la lejanía,
las nubes que dibujan el cielo.
Amo. Amo. Amo.
A Dios que es todas las cosas.





Estos poemas han sido publicados en el libro NO ESTA TODO DICHO Ed. Literarte, 2012
      

   

























































      




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